La VoZ digital | El Gordo y el Flaco de comedia a tragedia

2019-06-13 | 10:09

Cine

El Gordo y el Flaco de comedia a tragedia
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Steve Coogan y John C. Reilly componen a Stan Laurel y Oliver Hardy en esta película Steve Coogan y John C. Reilly componen a Stan Laurel y Oliver Hardy en esta película
En los años ‘30 el dúo era una máquina de producir risas

LaVozpy.- Steve Coogan y John C. Reilly componen a Stan Laurel y Oliver Hardy en esta película que no pasó por salas argentinas. Es una historia de amistad y traición, que arranca en el apogeo de la pareja en Hollywood y llega hasta el ocaso en Inglaterra.

Las relaciones entre colegas de trabajo, sean, se forjen o no de amistad, están casi siempre empañadas de camaradería y/o al menos de compañerismo. Cuando dos personas trabajan juntas y no pueden hacerlo una sin la otra, entran a tallar otras cuestiones, según el CLARIN.

El Gordo y el Flaco se basa en la vida de Stan Laurel y Oliver Hardy, los precursores del humor en pareja en el cine. Porque fueron ellos quienes con sus películas desde 1927 y en la década del ‘30 fundaron las bases que luego se harían de uso corriente hasta nuestro días.

En el filme hay una alusión para nada gratuita, un tanto obvia y hasta medio despectiva con Bud Abbott y Lou Costello (otros Gordo y Flaco).

Ese momento es en medio de una situación difícil para Stan Laurel, algo así como el alma y/o el cerebro del dúo cómico, que en Hollywood logró sus más demoledores éxitos. Stan (el Flaco) no consigue financiación para la que sueña será su próxima película con Ollie (el Gordo). La pareja ya estaba en el ocaso de su carrera, estaban entrados los ‘50, y Stan observa, desde la calle, un enorme afiche que promociona la nueva película de Abbott y Costello.

Pero El Gordo y el Flaco comienza mucho antes, cuando en los años ‘30 el dúo era una máquina de producir risas y divisas para los productores, no así para los responsables directos, esto es, Laurel & Hardy. Fue el productor Hal Roach quien conformó el dúo, pero valiéndose de los contratos que tenía, los explotaba, y provocó el distanciamiento entre uno y otro comediante.

La película pega un salto temporal, y los sigue en Inglaterra, adonde van para realizar una gira teatral, con la mira puesta en la película con la que quieren volver por la puerta grande. Los hoteles de mala muerte, las salas pequeñas y con pocos espectadores ya dan una idea de lo que se les avecina. Pero ellos siguen, casi como si nada.

Porque lo que El Gordo y el Flaco atestigua es esa relación, de trabajo y de amistad que, empujada por egos, va y viene. El Flaco ve como una traición que el Gordo haya hecho un filme con otro actor a su lado, cuando él peleaba por mejores salarios. Esto es Hollywood, ayer, hoy y probablemente mañana.

Y para más están las malas relaciones entre las esposas de ambos, cada una peleando por lo que creen es mejor para sus maridos, pero por separado, claro.

Al no ser una película condescendiente con sus personajes El Gordo y el Flaco se aparta de lo común. Y tiene momentos emotivos, bien calibrados, cuando las disputas verdaderas entre uno y otra se hacen públicas, y quienes las ven creen que forman parte de su rutina.

 

Para quienes no saben nada de Laurel & Hardy, el filme será como una caja de sorpresas. Y ella es así, también, merced a las increíbles interpretaciones de Steve Coogan y un irreconocible John C. Reilly. El actor de Philomena, como Stan Laurel, y quien fue el Hombre celofán en la versión del musical Chicago, entre tantas películas, se hacen amar y odiar.

A la composición física (Reilly con prótesis en todo el cuerpo) y gestual le suman que esa relación simbiótica entre los personajes reales, eso que hizo que Laurel siguiera escribiendo escenas para ambos aún después de que su compañero muriera, se sienta real.

No es fácil. Tampoco entender cómo es que esta película no se estrenó en salas comerciales en la Argentina, porque tiene potencial como para atraer público.